Sexualidad virtual: Entre plataformas y mercados

En medio de la noche me senté frente al computador para encenderlo, esperando que mis papás estuvieran lo suficientemente dormidos para que el estruendo que producía el intento de conexión a Internet noventero no los despertara… Mi emoción al conectar satisfactoriamente fue indescriptible ¡Me estaba introduciendo a un nuevo mundo que deseaba explorar!

(Material publicado inicialmente en egoCity el 23 de febrero del 2015)

Lentamente, para reducir al mínimo alguna posibilidad de ruido, tecleé en el explorador el nombre de aquella mencionada página, la única en la época que se prestaba para dichos fines, ‘Latinchat’… Creé un usuario falso y entré a una de las salas de chat, los mensajes, las fotos e insinuaciones no pararon; eso de conocer extraños por Internet en pleno año 2000 era mucha ciencia, al menos para mí.

Es de conocimiento público que la Internet es una herramienta democratizadora de la información y la conversación, lo cual permitió abrir un espacio para que las tribus urbanas y mal llamadas “minorías” sociales pudieran visibilizarse, teniendo siempre en cuenta que el ser humano es por naturaleza un animal sociable y se basa en las relaciones interpersonales para validarse a sí mismo como sujeto partícipe en el entorno e identificarse con sus semejantes, por esta razón no es de extrañarse que dichos públicos desarrollaran y se adueñaran de mecanismos y sistemas pensados para interactuar, volviéndolos espacios de encuentro clandestino frente a un sistema que por tradición los ha “rechazado”.

Luego de vivir por diferentes años lo que era entrar “clandestinamente” a ‘Latinchat’ en las noches, para estimular mi deseo morboso de conocer y explorar el mundo gay que exaltaban las, hasta más de 10, salas repletas de hombres que no paraban de resaltar con negrilla y mayúscula sostenida el tamaño de su miembro viril, su rol sexual y si tenían lugar o no; la Web fue creciendo y evolucionando a pasos agigantados en cuanto a interacción en comunidad, a la vez que yo fui sumando años y madurando sexualmente, tanto como para aprender a manejar lo que se venía por delante…

Lentamente, fueron apareciendo en el panorama digital plataformas donde se abrió la posibilidad de compartir contenidos, fotografías e información personal que configuraban la personalidad de alguien que se encontraba al otro lado de la pantalla, como MSN Groups, MSN Space, MSN Messenger, Hi5, Myspace (su versión inicial); donde podías compartir con tus amigos del mundo real lo que vivías día a día, o abrir la posibilidad de conocer personas interesadas en el débil reflejo de lo que eras al publicar cualquier cosa; fui observando que los grupos LGBT fueron creciendo más y más, con la posibilidad de experimentar con extraños lo que aún no había hecho con mi cuerpo, o me había quedado gustando…

Cuando observo en retrospectiva el cambio y evolución que los aplicativos sociales han tenido, y su impacto en las generaciones de nativos digitales, más logro apegarme al concepto, que en mis años de universitario tanto discutí, sobre el Amor Líquido del sociólogo Zygmunt Bauman, donde plantea que la sociedad de consumo actual ha generado que las personas conciban sus relaciones como un intercambio, más allá que como un compromiso que envuelve sentimientos y demás, en una ola tecnológica, donde pareciera que amañamos las relaciones virtuales a suprimir y spam según como nos convenga, sin pensar en la consecuencia de cada interacción tenida con un ser humano que se encuentra al otro lado de una máquina que intermedia el acto comunicativo.

Con años de estar explorando y fusionando plataformas, donde la estrategia era conocer e intercambiar imágenes con extraños en Hi5 y Myspace, o mejor aún MANHUNT, para luego conversarles directamente en Messenger (y también luego Skype) y terminar en un encuentro offline, conservamos el Nokia 1100, el Motorola con tapita y el Sony Walkman. Ahora llega la mega revolución de las relaciones sociales y la forma de interactuar no sólo con amigos o totalmente extraños, sino también con aquellos que compartían mis intereses. y mis amigos, pero no eran mis conocidos del todo ¡El gran Facebook y su disruptiva plataforma!

A partir de este punto, el gran monstruo llamado social media, que como lo mencioné en un comienzo fortaleció el concepto de una Internet democratizadora, le regaló a la comunidad LGBT la oportunidad de comenzar a observar con mayor facilidad la creación de espacios de organización para consolidarse y proyectarse a la sociedad, sin importar el rating o la agenda setting de los medios de comunicación; pero a la vez, llamó la atención de las industrias que ahora más que nunca percibieron una “minoría” no tan minoritaria con ansias de identificación, y mejor aún de invertir en reflejar un estilo de vida sexualmente superior.

Publicando mis fotos de rumba, paseos y simples salidas en Facebook tomadas con una novedosa, en su momento, cámara digital comencé a sentirme toda una estrella de rock que agregaba hombres de su gusto sin límite alguno; publicaba mis pensamientos y cada cosa que se me ocurría en Twitter y Tumblr, donde sorpresivamente las personas comenzaban a manifestar su empatía por mi manera de pensar y de ser; luego llegaron los teléfonos inteligentes que empezaron a cargar la vida que yo quería reflejar en mis redes sociales para venderle una imagen a un “público” que yo ansiaba cautivar, y que luego las marcas, sin yo saberlo, iban a querer explotar.

Es justo en este punto donde Instagram, Foursquare, Path, YouTube, Google Plus, Pinterest y más se abren camino, junto con aplicaciones un poco más de nicho como Grindr, Hornet, Jack’d, Bender, Moovz, entre otros, para darle lugar a quienes realmente quieren explotar su personalidad sin límites, ya sea para públicamente expresarse, solo hacerlo con algunos de sus amigos o directamente llegarle a desconocidos para seguir explorando los terrenos de ¿cómo será alguien nuevo en nuestra vida que igualmente sabemos que no durará más que el anterior?

Todo esto, sea a nivel online u offline, para seguir respondiendo a lo que planteó el sociólogo Gilles Lipovetsky, sobre la que llamó “era del vacío”, donde el individuo se basa solo en sí mismo y no en la sociedad o sus “valores”, cayendo en un neoindividualismo que “es simultáneamente hedonista y ordenado, enamorado de la autonomía y poco inclinado a los excesos, alérgico a la orden sublime y hostil al caos y trasgresiones libertinas”. Tenemos todo sobre nosotros controlado de acuerdo a como nos queremos mostrar, rindiéndole culto al placer y decidiendo cuando parar y cuando seguir, en un espacio que nos permite el anonimato o los mejores 15 segundos de fama, la Web.

La comunidad LGBT más allá de usar las aplicaciones y la Web para conseguir nuevos amigos, contactos, sexo, explorar nuevos territorios, organizarse en grupos, conocer marcas friendly, actualizarse en tendencias, informarse y mucho más; ha encontrado en el entorno digital el espacio para exaltar a la persona dentro de sus propias habilidades y unir individuos para lograr movimientos sociales que heredan la búsqueda por la igualdad de derechos que se inició en junio de 1968, pero a escala mundial y sin nadie que lo pueda detener… Además del apoyo del gran mercado que ha descubierto en la misma Internet que estar con esta “minoría”, es económicamente más beneficioso que irse en contra.

Encuentra la publicación también en egoCity.

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Publicado en: LGBT

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