En medio de la noche

Sólo entraba un pequeño rayo de sol entre las cortinas, dándole al cuarto un color naranja oscuro que ambientaba la mañana en medio del recuerdo o la ilusión; ¿en realidad quién sabía que habría pasado la noche anterior? Todo fue tan especial y mágico, que puedo haber sido simplemente un sueño del que ya no quedaba nada.

Su mano derecha se movía lentamente, los dedos jugaban entre si tratando de sentir la realidad, pero esperando volver a aquella deliciosa sensación de una piel tan especial. Yacía allí solo, completamente desnudo sobre su cama, medianamente cubierto por una sábana blanca; no quería abrir sus ojos, sabía que no había nadie más en el cuarto, en la casa y ni siquiera recordaba en qué parte había quedado su ropa, cada una arrancada con tanta pasión y desenfreno como nunca antes se lo imaginó y como sabía que probablemente no lo volvería a vivir.

Tan prohibido, tan propio, tan mal visto y tan disfrutado… Tan íntimo, ya sólo era pasado. Su mano izquierda comenzó a frotar su cuerpo, recordando las marcas, el recorrido que aquel otro cuerpo había realizado con las yemas de sus dedos, sus brazos, su lengua y todo su ser. Decidió parar, no aguantaba más, sabía que tal conexión era única y no la podía dejar perder.

Decidió abrir los ojos, levantarse completamente desnudo y ducharse; ahora su vida tenía una misión, encontrar a aquella persona con la que se había amado ¿cómo lo lograría? Ni idea, pero finalmente había encontrado un propósito para su existencia y no lo pensaba dejar echar a perder.

Allí empezó su aventura, recorrer la ciudad; entregarse a la noche y al día, nunca fue tan intenso… Aún recordaba sus brazos, boca, aliento y aroma, pero su rostro se estaba perdiendo en la memoria; el temor no tardo en llegar, esto no podía suceder ¡Tenía que recordar!

Se concentraba, empezaba a revivir aquella noche y volvía a dejarse envolver, era como una evolución, sus ojos de nuevo miraban la silueta en medio de la oscuridad de una noche sin precedentes.

Tristemente llegó ese momento, se dejó caer, desistió, se entregó a la pena y soledad… Pasaban los días y ya ni valía la pena contarlos, el verano se fue, el otoño murió y ya no existía más mundo.

Sabía que ya no lo encontraría, e incluso había decidido entregarle aquellos momentos al pasado, al olvido, a un nunca jamás. Era hora de vivir algo nuevo, dejar que las cosas fluyeran… Se recostó en el pasto, cerró los ojos mientras sentía el sol sobre su cuerpo y sintió la brisa, suave, tierna y deliciosa…

¡No lo puedo creer! Justo cuando pensé que ya ni existías, te encuentro… Fijo ni te acuerdas de mí“, esa voz se le hizo conocida, supo que le estaban hablando a él, se levantó lentamente, abrió sus ojos, volteó su cuerpo hacía donde había escuchado y se quitó sus gafas oscuras para poder enfocar mejor… No lo podía creer, sonrió un poco, “Lo veo y no lo creo – rió un poco, con disimulo para ocultar su alegría -” “Pues te tocó creerlo ¿te puedo acompañar?” “Dale, siéntate“, se abrazaron con fuerza, jamás en su vida había estado tan nervioso, sentía que el latir de su corazón sonaba a kilómetros de distancia, “Ese día en mi casa, desapareciste” “Pensé que no te gustaría verme al despertar” “¿Por qué pensaste eso?” “No sé, me asusté” “¿Susto? ¡Yo no muerdo! O es que no te gustó” “Todo lo contrario, no ha habido nada igual“, creyó que jamás escucharía algo así en su vida y menos de aquella persona, se sintió más allá del cielo, sus miradas se cruzaron por un momento que pareció eterno… “Nunca me dijiste como contactarte” “Sabes donde vivo, ¿qué más que eso?” “Fui muchas veces, pero nunca estuviste” recordó aquellas tardes donde había salido de casa desde la madrugada hasta el anochecer, tan solo para reencontrarse con el amor de su vida y se sintió un imbécil, nunca pensó que él volvería, “Pues aquí me tienes” “Y créeme que ya no te pienso volver a dejar ir” “Listo, no me pierdas entonces – una pequeña sonrisa tímida se asomo en su rostro”… Aquel otro hombre le tomó su rostro, acercó sus labios, volviendo a sentir ese calorcito que tanto había amado,  y de nuevo sintió como si no existiera nada más que ellos dos, simplemente un mundo para una pareja que estaba decidida a entregarse por encima de los prototipos mentales de una sociedad enferma.

Finalmente los recuerdos no se hicieron esperar, cada músculo volvía a estremecerse, a disfrutar recordando cada detalle de aquella noche, en la que dos hombres se entregaron como nunca antes para un por siempre, así como así, tan real como puro.

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